lunes, 23 de noviembre de 2009

Poco pero mío

«Hoy sólo me llamaron cien personas. Ya nadie me quiere».

Esta queja podría haber sido dicha por Madonna, a quien seguramente la llaman diariamente mil personas.

Nuestro cuerpo tiene la extraordinaria particularidad de adaptarse a las condiciones en las que le toca (sobre)vivir.

Alguna vez leí que nuestra especie es la que puede vivir en lugares más dispares. Sólo necesitamos aire, un poco de agua dulce y algunos alimentos.

Esta maravillosa adaptabilidad también requiere cierto período de adaptación. Un esquimal no la pasaría bien si en pocas horas se instalara en un país tropical.

Además tenemos una notoria resistencia al cambio. Nuestro cuerpo puede adaptarse pero procura evitarlo. Cada vez que se nos presenta la oportunidad de cambiar de hábitat, de dieta, de trabajo, sentimos que se nos hace difícil.

Lo mismo que digo imaginando la vida de Madonna (que se deprime si sólo recibe cien llamados telefónicos diarios) lo digo para cualquiera de nosotros si repentinamente comenzáramos a tener mucha fama, mucho poder o mucho dinero.

Aunque nuestra fantasía se divierte imaginando escenarios diferentes, mucho más excitantes, divertidos o mágicos, nuestro cuerpo no acompaña de buen grado cualquier cambio brusco hacia escenarios imaginados como maravillosos.

Soñamos con ganar el premio mayor de la lotería, pero nuestro cuerpo se resistiría a ese cambio porque se vería sometido a las consecuencias de las nuevas condiciones económicas (más posibilidades, satisfacción repentina de viejos anhelos, amigos sonrientes que aparecen llenos de amor).

En suma: somos la especie más adaptable, pero nos resistimos a los cambios, y esto podría ser una buena razón para no querer abandonar un estado de pobreza con el que estamos aparentemente desconformes.

Nota: Este artículo está vinculado a La resistencia al cambio.

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12 comentarios:

Jacinto dijo...

A veces apuesto a la lotería con cierto temor de ganar.

Anónimo dijo...

Es resistencia al cambio me terminará llevando a la tumba.

Lo único que me salvaría es que mi médica esté equivocada.

Mendive dijo...

Le sugiero algo sin cobrarle por ello.
¿Por qué no inventa la idea de RESISTENCIA A LA RIQUEZA?

Ricky dijo...

Mi madre me dice que me están esplotando donde trabajo pero que son un muchacho "quedado".

Yo leo, pero leo, pero no avanzo nada.

Filisbino dijo...

Sí, todo depende del punto de partida. Para un esquimal, el invierno uruguayo es veraniego.

Mª Eugenia dijo...

¿Cómo hago para darme cuenta si de verdad estoy desconforme?!

Mariana dijo...

Sabes, hace mucho tiempo me pregunto por qué me atraen tanto los cambios. Mi resistencia parece ser a permanecer igual. Esto me perjudica, siento que no puedo construir nada. Me comporto como una niña hiperquinética que pasa de un juego al otro y los deja todos por la mitad.

Martín dijo...

Mi madre siempre repite "nunca me adaptaré a vivir en esta pocilga"

Lucho dijo...

Si de pronto tuviera mucho dinero, me haría rico pero no dejaría de ser pobre: pienso como pobre, hablo como pobre, siento como pobre y todo lo demás.

Lucrecia dijo...

Vivo en San Jacinto y me gustaría despertarme mañana en Las Vegas, aunque llegado el momento, moriría de miedo.

Rodolfo dijo...

Mi mujer está siempre desconforme, sin embargo percibo que no me quiere dejar.

Ingrid dijo...

El período de adaptación en el trabajo se me hizo eterno; no podía hacer nada, sólo observar. Entretanto, los nervios por la situación nueva me iban carcomiendo.