viernes, 27 de agosto de 2010

La empobrecedora prostitución

Si hacemos una fuerte simplificación, podemos decir que casi todo lo que nos ocurre, se resuelve cuando «algo entra dentro de algo».

Si tenemos hambre, la comida entra dentro de nuestra boca, los nutrientes entran en nuestro cuerpo, nuestros excrementos entran dentro de algo que los contiene (incluido el propio suelo, si así fuera el caso).

En otras palabras, podemos decir que ese «algo que entra dentro de algo», puede traducirse como «un contenido que entra dentro de un continente».

Por supuesto que la imagen básica de todos estos fenómenos, la que los representa merecidamente por todas las emociones que involucra, es «la penetración del pene en la vagina».

Entonces, casi todo lo que nos ocurre es —directa o indirectamente—, algo vinculado a la sexualidad.

También es posible hacer otra simplificación, diciendo que el motor que nos mueve es la carencia, el faltante, la ausencia.

Si nos movemos es porque nos convertimos en continentes —necesitados o deseantes— de algún contenido, generalmente muy específico, como es comida, abrigo, protección, amor, reproducción.

El hecho de que la sexualidad sea la función que mejor representa esta reiterada necesidad de que algo cancele (rellene, sature, satisfaga) nuestras necesidades o deseos, entra en conflicto con una idea menor, aunque muy cargada de prejuicios.

Cuando el contenido que viene a rellenar el continente es dinero, se enciende una luz roja de alarma: prostitución.

El dinero es un obturador polivalente de gran parte de nuestras carencias, porque con él logramos cancelar algunas necesidades y deseos.

Por todo esto, ahora le propongo suponer que, algunas personas que adolecen de pobreza patológica, están sometidas a esta asociación paralizante.

Efectivamente, cuando alguien asocia el dinero que recibe con prostitución, la carencia (el hueco, el continente, la falta), se contrae por la angustia y no puede recibirlo para satisfacerse.

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11 comentarios:

Canducha dijo...

Ayer escuché decir que para evitar la conjunción del interés público con el privado, a los funcionarios públicos que ocupan puestos importantes, hay que pagarles muy bien. O sea, para que no se prostituyan hay que hacerles entrar mucho dinero.

Gumersindo dijo...

Por experiencia propia le digo que cuando se enciende la luz roja, lo que viene a llenar el continente no es el dinero, sino eso que ud sabe, y después sí, después se paga.

Catalina dijo...

A veces el dinero obtura deseos de reemplazo, es decir, deseos que sustituyen al deseo original, y así es una cosa de nunca acabar.

Federico Leloir dijo...

El dinero y la prostitución forman un enlace químico casi irrompible, como el que hay entre los átomos de carbono.

Nazareth Inglese dijo...

Poderoso caballero
Don Dinero.
Se escapa
cuando grita el tero
porque se esconde
en otro agujero.

Fulgencio dijo...

A veces con el dinero pasa lo mismo que al gallo Calvento, estás cacareando y se lo lleva el viento.

Claudio dijo...

A mí la asociación que me paraliza es: desempleo/ impotencia.

Oto Nello dijo...

Con poco dinero se pueden meter muchas monedas en la chanchita y tener una sensación de prosperidad.

Graciana dijo...

Nunca me sentí prostituta cuando cancelé deudas de dinero, por el contrario, ese me ha hecho sentir honorable. Es honrar la deuda.

Maluco dijo...

Es difícil que el dinero llegue a saturar.

Facundo Negri dijo...

El motor que me mueve carece de nafta, le falta aceite y está ausente de mecánico desde hace años.