viernes, 20 de mayo de 2011

El martirio como premio mayor

Es tan fuerte la necesidad de amor, poder e inmortalidad, que llegamos a morir para lograrlos.

Partamos de la base de que todos los humanos deseamos ser amados, poderosos e inmortales.

Me permito recomendarle al lector que tome en cuenta la tremenda fuerza que tienen en su propio ánimo estos objetivos: la inmortalidad, el poder y ser amado, reconocido, mimado, protegido, admirado, consultado, ayudado.

Ahora pongámosles palabras a qué ocurre en nuestro entorno social e histórico.

Los pueblos, los colectivos organizados, quienes poseen algo que los une como nación, como religión, como partidarios de alguna doctrina, hacen especial hincapié en quienes murieron defendiendo a esa agrupación de quienes por algún motivo quisieron destruirla y gracias a quienes hoy aún existe.

En síntesis, esos héroes le salvaron la vida a la familia que hoy los mantiene unidos y orgullosos de la identidad que ostentan.

La figura del mártir tiene una importancia máxima en nuestro ánimo y la devoción que inspira entre quienes le están agradecidos equivale al deseo que tienen de identificarse con él, de ocupar algún día ese lugar para lograr lo que logra el mártir: poder, amor e inmortalidad.

Ese símbolo tiene vida en la imaginación de quienes lo idolatran. Es una figura imaginaria que todos recuerdan dando batalla, haciendo discursos convincentes, arengando a los combatientes, poniéndole el pecho a las balas, soportando con entereza y convicción las infinitas torturas, humillaciones y fracasos que recibieron de sus oponentes y que, a la postre, no hicieron otra cosa que aumentar la altura del pedestal que la historia finalmente les concedió.

En suma: El amor a los mártires nos estimula personalmente al sacrificio, al dolor, a defender causas ajenas, a la inmolación, a buscar enemigos crueles, al fracaso heroico, a la muerte cruenta.

¿Es esto lo que usted está buscando realmente?

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11 comentarios:

Hermétika dijo...

Las sesiones del parlamento no deberían durar tantas horas...

Cualretazo dijo...

El amor a los mártires personifica el amor a la causa.

Sandra39 dijo...

A veces la dignidad te empuja al martirio.

Gregorovius dijo...

Por no morir en el momento adecuado, uno puede quedar vivo en medio del odio y el vilipendio.

Nacho dijo...

Necesitar amor, poder e inmortalidad, es andar necesitando a la Gloria!

Marina dijo...

Se burlan de todo porque no se la juegan en nada.

Luana dijo...

Quien busca amor, poder e inmortalidad, queda totalmente en ridículo si ud especifica agregando mimado, protegido, etc.

Adela dijo...

Sólo de leer como recuerdan al mártir me da agotamiento. Pobre mártir! como para no morirse!

Maruja dijo...

La pregunta final de su artículo es una tomadura de pelo.

Valeria dijo...

El amor a los mártires no es una categoría de amor. Se ama a los mártires que defendieron la misma causa que yo defiendo. Perseguir objetivos puede llevarnos (como consecuencia) a padecer persecusiones. Quien lo hace sabe que a eso se expone, pero en general la persecusión no es el objetivo en si. A modo de ejemplo le digo que probablemente usted reciba burlas y críticas por sus artículos, pero supongo que su objetivo no es ese. O sí?

Júver dijo...

Uno tiene que decidirse; o busca amor, o busca poder, o busca inmortalidad. Las 3 cosas juntas nunca se te van a dar. En todo caso podés juntar poder e inmortalidad. Al amor hay que dejarlo siempre aparte. (en el entendido de que amor no es lo mismo que fanatismo, ni lo mismo que simpatía)