martes, 6 de agosto de 2013

El inconsciente: nuestro jefe desconocido



 
Conocer cómo funciona nuestro inconsciente nos posibilita disminuir progresivamente los múltiples y angustiantes conflictos con nosotros mismos.

Es coherente con la teoría psicoanalítica creer en el determinismo y descreer del libre albedrío.

Esto es así porque también creemos que somos actuados y creemos que somos hablados.

Esta extraña sintaxis obedece a que habitualmente, fuera del psicoanálisis, los verbos «actuar» y «hablar» son utilizados partiendo de la creencia generalizada en el libre albedrío.

Vulgarmente pensamos que cada uno «actúa» y «habla» cuando quiere y porque quiere, sin embargo, uno de los pilares del psicoanálisis es la existencia de una parte de la psiquis que es inconsciente, es decir que nos influye sin que tengamos conciencia.

En este contexto teórico pensamos que el ser humano «hace» y «dice» cosas bajo las órdenes de una parte suya de la que no tiene conciencia y, por lo tanto, tampoco tiene control pues no podemos controlar sin saber absolutamente nada de lo que queremos controlar.

Es coherente con la creencia en que existe un inconsciente que nos gobierna pensar que nuestras acciones y dichos denuncian algunas características de ese inconsciente que nos gobierna.

Parafraseando al refrán, es posible pensar algo así como «Dime con qué inconsciente andas y te diré quién eres».

Por lo tanto los consultantes del psicoanálisis se ofrecen para que el técnico trate de conocer con qué criterios se maneja esa parte de la psiquis que nos hace «hacer» y «decir» cosas todo el tiempo.

Cuando empezamos a conocer la filosofía de ese jefe invisible, (el inconsciente), naturalmente empezamos un proceso que aplicamos todo el tiempo: adaptarnos a la realidad según la conocemos, como nos parece que es.

Por ejemplo, si nos enteramos que en nuestro inconsciente odiamos a nuestro hermano entenderemos por qué combatimos las asociaciones fraternas  (sindicatos, por ejemplo).

(Este es el Artículo Nº 1.963)

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