lunes, 7 de octubre de 2013

No importa que una predicción sea desacertada



 
Calmamos nuestra ansiedad con predicciones y toleramos tanto sus errores, que la diferencia entre «acertadas» y «desacertadas», nos parece insignificante.

Predecir es, como la palabra lo indica, «decir antes», anticipar una información, develar la incógnita de lo que ocurrirá en un tiempo futuro.

No es predecir comunicar que «mañana nos reuniremos en mi despacho para discutir los criterios publicitarios de la próxima temporada», porque en este caso se trata de un plan, de algo programado, previsto.

Sin embargo, en este caso, sería «pre-decir» señalar que tres minutos antes de comenzar dicha reunión, un avión con desperfectos mecánicos caerá dentro de la sala de sesiones impidiendo que podamos usarla.

 Predecir es anticipar algo que nunca ocurre y que nadie, (o casi nadie), lo sabe.

No es predecir el cambio de estaciones porque siempre ocurre con total regularidad, tampoco es predecir afirmar que un ser vivo fallecerá, pero sí es predecir indicar cuándo ocurrirá el deceso.

Quienes creen en las predicciones padecen por el intenso estrés que les causa la incertidumbre. Lo que más necesitan estas personas es que alguien les diga qué ocurrirá, aunque esta anticipación no tenga motivos para ser verdadera.

En otras palabras: la ansiedad por lo que ocurrirá se calma con un mensaje que tenga la forma de una predicción, independientemente de que ese contenido sea correcto.

Por ejemplo: queremos saber cómo será el clima de esta tarde, para lo cual tratamos de encontrar alguna  información presentada por una persona que nos muestre mapas, dibujos, logos, íconos y que, sin tropiezos en la dicción, hable velozmente, como si lo que dice que ocurrirá lo supiera de memoria (porque eso que ocurrirá esta tarde, ya antes ocurrió y nada malo nos pasó).

Toleramos tanto los errores de predicción que la diferencia entre «acertada» y «desacertada» terminamos considerándola insignificante.

(Este es el Artículo Nº 2.025)

No hay comentarios: