martes, 8 de octubre de 2013

Si nos aceptamos no nos cansamos disimulando



 
Si evitamos cumplir los consejos ajenos, daremos prioridad a nuestros intereses; si nos aceptamos, no nos cansaremos disimulando.

La energía humana dista de ser abundante. A las pocas horas de estar trabajando o estudiando nos cansamos, tenemos de parar, sentarnos, acostarnos. Más aún: cada varios meses tenemos que descansar abandonando la tarea habitual porque necesitamos distraernos, tomarnos vacaciones, dedicarnos a otra cosa distinta.

Dada esta escasez de energía y siendo que no existe forma de aumentarla, (excepto consumiendo drogas que, como la cocaína, anestesian las sensaciones de cansancio y nos permiten seguir trabajando hasta que se vaya su efecto y ahí sentimos todo el cansancio acumulado), no tenemos otro remedio que administrarla inteligentemente.

En otras palabras: para que podamos tener una buena calidad de vida, con energía para disfrutarla y para ganar el dinero que necesitemos, no podemos desperdiciarla improductivamente.

Los humanos sabemos cómo racionalizar el uso de las fuentes energéticas no humanas, pero solemos ser ineficientes administrando la cantidad de energía propia.

Desde que, hace varias décadas, nos dimos cuenta que el petróleo es una energía no-renovable, quienes dependen de ese combustible comenzaron a buscar formas de economizarlo.

En la búsqueda de optimizar el rendimiento de los derivados del petróleo descubrimos cuánto sabemos de economizar, optimizar rendimientos, racionalizar consumos.

La industria automotriz, por ejemplo, disminuyó el peso de las carrocerías, mejoró el diseño para disminuir la resistencia del aire (aerodinámica), perfeccionó los lubricantes para disminuir los rozamientos, buscó formas de potenciar los motores sin aumentar el consumo.

Todas estas innovaciones economizadoras pueden aplicarse también a disminuir el consumo de energía humana, para que podamos evitarnos pérdidas innecesarias.

Por ejemplo, si logramos satisfacer primero nuestro deseo, ganaremos calidad de vida; si evitamos cumplir los consejos ajenos, daremos prioridad a nuestros intereses; si nos aceptamos no nos cansaremos disimulando.

(Este es el Artículo Nº 2.026)

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