miércoles, 4 de diciembre de 2013

Opinar y no hacer es fácil


Quienes solo dan opiniones pero nunca hacen algo se parecen a quienes se burlan de las trabajosas responsabilidades maternales.

Alguna vez me contaron, leí o escuché, que Marck Zuckerberg (creador de Facebook) fue demandado por alguien que dijo ser quien tuvo la idea de Facebook, y que Zuckerberg le habría respondido: “La idea fue tuya pero ¿quién hizo Facebook?”

Algunos pretenden mover el mundo con gestos espermatogénicos (generadores de espermatozoides), es decir, solo con ideas, sin hacer nada, como sí hace el cuerpo de la mujer que gesta, pare y luego alimenta.

El modelo femenino es el más valioso: las ideas, por sí solas, no tienen ningún valor y su autor no debería reclamar nada..., o casi nada.

Dicho de otro modo: En la construcción de un nuevo ser humano, el varón copula y entrega su semen al cuerpo de la mujer quien, a partir de ahí, comienza un trabajoso proceso que dura nueve meses, que luego continúa con la alimentación que proveen las glándulas mamarias y que, como si todo esto fuera poco, sigue por más de 18 años.

Estoy comparando este placentero acto masculino de copular para entregar el semen con la generación de ideas que otros puedan convertir en útiles.

Los derechos de autor son derechos vacíos, monárquicos, llenos de orgullo por la nada misma, igual que las ideas que no sean llevadas a la práctica.

Con esta ideología que enaltece a quienes dan ideas y menosprecia a quienes las ponen en práctica, estamos rodeados de gente que habla, escribe y pretende que, con esas autoproclamadas «genialidades», todos le rindamos tributo, le demos una pensión vitalicia, los cuidemos como a la abeja reina.

Esta situación subvierte los valores, estimula a quienes se dedican a opinar cómodamente, como esos varones que menosprecian, con actitud pedante, las cansadoras tareas maternales

(Este es el Artículo Nº 2.083)


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